Necesitamos terroperiodistas radiofónicos!!!

Octubre 28, 2009 por figaro33

Hola colegas

Desde la universidad de la Laguna, en Tenerife, vamos a embarcarnos en un proyecto discreto pero osado. Mañana mismo arrancamos el programa radiofónico “Salidos de tono” en el que cuatro compañeros daremos cuenta de diversos asuntos. A saber: actualidad, deportes, hasta el fondo (reportajes), cultura, historia y sobre de azúcar para finalizar (una cita famosa y divertida que servirá de cierre). ¿por qué digo esto en fígaro33? porque se nos ha ocurrido que podíamos colaborar desde las distintas universidades. Si alguien tiene un reportaje que le exijan en alguna asignatura, una crónica, entrevista… cualquier cosa que estime interesante será publicada desde la radio canaria más marchosa del archipiélago. Las claúsulas son las de siempre: no hay claúsulas. En nuestros delirios terroperiodísticos hemos pensado que también en Santiago podría animarse alguien (aprovechando que Martiña está allí de corresponsal y que, además, hay otros “sénecas” insulares por las tierras gallegas).
La emisión de “salidos de tono” tendrá lugar a través de una página web que, en su momento, os indicaré a todo aquel que le interese el asunto.
Se me ocurre una colaboración entre terroperiodistas, fígaro33, salidos de tono y lo que quiera que hagan los gallegos. De norte a sur, pasando por el centro. ¿qué os parece? Si no podéis montar vuestras piezas podéis pasarme el texto y yo me encargo de locutarlo haciendo mención expresa del autor o autores. Chic@s!!! con suerte este será el último año de carrera. Vamos a divertirnos!!! seamos terroperiodistas! Saluz!

Roberto.

Momentos

Octubre 27, 2009 por figaro33

Compartimos momentos. Momentos en los que éramos el uno del otro. Tú eras de mi propiedad, y yo me contaba en tu haber. Pero sólo momentos, porque tú no eres de propiedades y porque yo, contigo, no soy de riquezas.
Eran momentos intensos y momentos escasos. Momentos de miradas frente a frente y momentos de giros de espaldas. Momentos en lo que estabas sólo tú y momentos en los que no te encontraba. Momentos en los que volvía a ti, momentos en los que ya me había ido. Jamás nos buscamos en los mismos sitios.
Y ya no hay momentos. Quizá no fue el momento.
Y desde que nos hemos ido, miro a tus ojos el tiempo que quiero, pero ya no estamos. Sólo veo certezas de encontrarte, porque aunque deje de buscarte, no puedo evitar los momentos. Veo los sitios a los que nunca iremos y las piezas que ya no compartiremos. Quizá en cinco años más aparezca el Momento.
Echo de menos un momento, pero mientras tanto me quedo con los míos. Pero sólo momentos, porque tú no eres de propiedades y porque yo, contigo, no soy de riquezas.

Un microrrelato

Octubre 25, 2009 por figaro33

Por la calle veo una camisa a la que le falta un botón. ¿A qué viene semejante descaro? Seguramente será un hombre despistado de cabello revuelto que no se habrá dado cuenta de su descuido. Seguramente tendrá delgado el ego y buscará ser original para atraer alguna mirada. Quizás no tenga unas manos femeninas a su lado que cosan sus entuertos. Quizás nadie le haya querido nunca lo suficiente como para decirle “has perido un botón de tu camisa”.

Llego a casa y me detengo ante el espejo. Contempló el reflejo ausente del botón perdido de mi camisa.

Crónica gallega III

Octubre 25, 2009 por figaro33

Insinuaba un terroperiodista que el tiempo hace un par de semanas no era el propio de la estación, y aún hay gente que cree, como el primo meteorólogo del presidente de la oposición, que el conocido como cambio climático no existe. Pues yo, desde este noroeste peninsular tan caracterizado por el agua que tiñe de verde el paisaje y lo convierte en un sitio mágico y encantado, hace un mes, quería escribir la crónica gallega contando la costumbre tan “enxebre” (=más que autóctono) del magosto. Pero con temperaturas de más de 25 º, y un sol propio del verano, me sabía a mentira hablarles del sabor de las castañas asadas mientras las botas de agua hacían crujir las hojas secas en el suelo. Pero ahora lleva toda la semana lloviendo (menos hoy), y el otoño ya es otoño, así que usando el práctico corta y pega, les voy a contar lo que hace tiempo que debía haber contado:

“Por estas fechas el aire huele ya a magosto. Parece que hace mucho tiempo, algún gallego tenía nostalgia del verano, y en un esfuerzo por prolongar el lejano agosto, o alguna de sus fiestas populares, se le ocurrió celebrar el magosto, y de nombre, hacerle un guiño al mes estival por antonomasia. Basta con una modesta reunión de amigos, vecinos, o familiares, alrededor de una lareira o, en su defecto, cocina de leña, para disfrutar del excedente de castañas que suele venir con septiembre y octubre. En muchos colegios se celebra, y cada uno con su cartucho de periódico (sí, de pequeño no se le ven muchos más usos al paradigma de nuestra ansiada profesión) lleno de castañas asadas, perdíamos un tiempo de aburridas clases en el patio cubierto, por supuesto, por si llovía, jugando a juegos populares y comiendo las castañas. Así que cuando me piden que describa el otoño con una palabra, a mí siempre me vienen esos recuerdos, y la recurrida “melancolía” no es suficiente para plasmar el olor a castaña asada, la lluvia, las nubes grises sobre las casas empedradas, los colores marrones y dorados de camino a casa de los abuelos, donde, por cierto, el magosto es más tradición aún, poner mi nombre en los libros nuevos, mientras los forro, buscar una mochila nueva, estrenar compañero de pupitre, salir de clase por la tarde pasando por la entrada a la zona vieja y ver el trencito de castañas, desprendiendo un olor tan apetecible que hasta se forman filas para llenar más periódicos de este fruto seco….No debe ser melancolía, y eso que me encanta el olor a libros nuevos, me encanta recordar cuando tenía que comprar diez libretas y un bloc de dibujo, o hacerme un horario de colores para compatibilizar baloncesto con pintura e inglés. Y todo vuelve a mi memoria cuando paseo por las calles de árboles que se desnudan, y oigo crujir las hojas secas cuando las pisan mis katiuscas. O cuando paseo por las calles de piedra y me llega un profundo olor a castañas asadas, a magosto, a otoño.”

magosto

Vuelve el 33

Septiembre 13, 2009 por figaro33

Esta tarde buceaba mis ojos en la pantalla del ordenador, conquistando el mundo (como casi cada tarde en estos últimos tres meses) cuando me agitó una brisa fresca. Fuera comenzaba a llover y mi nariz se llenó del inconfundible olor de la melancolía. El otoño comienza. Y con él vuelve esa maravillosa aventura que es la universidad. Vuelve el 33. Son tantos los rostros que añoro, tantas las risas que me debe el destino por estos tres meses de lejanía, por tantos obstáculos y trabas en un verano que se presumía un remanso de paz.

Y ahora, por fin llegan las prisas y los trabajos, las tardes de cañas y canto, las alabanzas hacia los buenos profesores… y los gruñidos hacía los deplorables. Siento curiosidad por saber hasta qué punto nos habrá cambiado el verano: muchos de los treintaitresianos han hecho sus prácticas, han salido al mundo del periodismo sin coraza… Habrán encontrado lo bueno y lo malo de esta profesión. ¿Volverán más sabios o quizás un poco más cínicos? ¿Esperanzados de que las palabras sean más que palabras o desesperados de encontrar inútil esta profesión? Sí, solo son tres meses, pero el encuentro con la cruda realidad es muy intenso cuando uno llega a ella con toda la ilusión y la fuerza del debutante.

¿Cuántas parejitas habrán caldeado sus amores durante la torridez del verano? La intrahistoria del 33 crece y se expande, como unos hilos subterráneos de un grupo que a casi nadie puede dejar indiferente. Pero lo que más me alegra, lo que más me llena de ilusión por los días que vienen, es saber que todavía nos queda (por lo menos) un largo año juntos para descubrirnos, para que las raíces del 33 se hundan en una tierra abonada de buen hacer y un futuro espléndido.

¡Que viene el 33! ¡Qué viene!

Teleno

Agosto 18, 2009 por figaro33

Montaña espectadora y expectante. Montaña acechante y retadora, montaña cargada de rabia y de belleza. Desgarradora montaña que destroza piernas y acota sueños. Montaña cargada de trampas y agujeros, siempre fuerte, nunca insípida. Torbellino de primavera y cortante invierno. La montaña es esa mujer que siempre amaste y nunca te terminó de amar. O esa otra que, detrás del siguiente collado, te sigue esperando. En una montaña cabe el mundo. Sacrificio en cada paso. Miedo al colgar tus pies entre una roca destemplada. Agua rica y sin colorantes, que mana de sus entrañas y te ofrece vida a cambio de aliento. Un paraíso escabroso y ganchudo. Un anzuelo cortante que cuando te engancha no te deja soltarte. Presumida montaña la que te mira cuando aún no has empezado a subir y mantiene orgullosa su esbeltez cuando la bajaste. La misma que te abre una ventana a otro mundo distinto que sólo puedes contemplar desde su cumbre. Ese embriagador viento que se desvela mientras acaricias sus laderas y te agarras al brezo para no descollarte entre la dura tierra.

Tentadora y cruel, negra y verde. Capaz de proporcionarte euforia y desesperación en un mismo instante. Lugar incomparable para descubrir la esencia humana. El egoísta y el miedoso, el osado y el cobarde, valentía temerosa y mochilas cada vez más pesadas. Recodo de soledad y de compañerismo. Cuando alguien te dice justo las palabras que necesitas escuchar para seguir ascendiendo. Cuando eres tú quien debe decirlas en el preciso momento en que el compañero lo necesita. Una montaña muestra entre sus laderas los secretos que a veces se insinúan en la ciudad.

El teleno está en la maragatería, comarca de paredes de pizarra y estepas repletas de encina. Lo que antes fue un coloso virgen hoy sirve de campo de tiro para que el ejército español realice prácticas. El teleno está achicharrado por el fuego. Ya sólo crecen brezos por sus laderas. Brezos y arándanos. Eso dicen los más viejos. El ministerio de Defensa español compró sus terrenos allá por los años ochenta y privó a los maragatos de explotar la montaña del teleno para montañeros y paseantes. No hay una sola señal para ascender a su cumbre. Sólo cortafuegos y restos de proyectiles por su suelo pedregoso. Pese a todo, el teleno  sigue manteniendo la belleza que siempre ostentó. Basta con atacar su cima para comprobarlo.

Roberto

Miércoles en la Redacción (agosto)

Agosto 14, 2009 por figaro33

6a00e552985c0d88330120a4c86559970b-500wi

Vaya! Parece que me fui de vacaciones, pero no, más bien fue un error de memoria. Aquí van los atrasados.

Leyenda de una cuba milenaria

Agosto 11, 2009 por figaro33

Una misteriosa barrica de vino de la Alta Edad Media, custodiada bajotres llaves, descansa en las dependencias de la Colegiata de San Isidoro

 11/08/2009 ROBERTO MERINO | LEÓN

Cuenta el abad emérito de la real Colegiata de San Isidoro, Antonio Viñayo, que cuando llegó a León, hace ya medio siglo, varios ancianos le transmitieron el conocimiento sobre una cuba de vino muy antigua que descansaba en el interior de la Colegiata de San Isidoro. Parece que alguno de ellos rondaba los cien años.

Custodiada bajo dos o tres llaves de otras tantas manos diferentes, el recipiente ha pasado al imaginario colectivo como la «cuba milenaria». Se trata de una barrica de la Alta Edad Media, con capacidad de unos cuarenta litros y que se conserva en el interior del antiguo monasterio con extraordinario celo.

La cuba, explica Viñayo, está cubierta con una capa de moho y supura un tanto. Por este motivo hay que introducir el doble del vino que se saca. Cada Jueves Santo, única fecha en que puede abrirse el recipiente, se extrae un litro y se introducen dos del mejor de los vinos de Jerez. Los pocos que lo han degustado aseguran que es muy fuerte, no existe cognac que lo supere. Un vino «sentón».

Antiguamente la cuba se destapaba en Nochebuena. Los canónigos tenían la obligación de ayunar la víspera, pero en la madrugada del nacimiento del Salvador, tras la misa del gallo, el antiguo refectorio (hoy llamado salón del Pendón) de la Colegiata se colmaba de manjares. Y como el buen comer debe ir acompañado de un mejor beber, la cuba milenaria se descorchaba para el deleite de los presbíteros. Los más maliciosos mascullan que cuando los monjes devolvían la cuba a su lugar, mientras paseaban en procesión por el claustro con ella a cuestas, podían escuchar cantar al gallo de la torre.

 

Alfonso XIII. El abuelo del actual monarca, Alfonso XIII, visitó San Isidoro a principios del siglo pasado. El abad de entonces, Julio Pérez Llamazares, le narró la historia de la cuba milenaria. El Borbón, picado por la curiosidad, quiso saborear ese caldo. El abad respondió que aquello era imposible, porque la cuba se abría una vez y sólo una. «Pues déjelo usted para mejor ocasión», parece que fueron las palabras del Rey. Entonces el clérigo, como con toda regla que se precie, hizo gustoso una excepción. Y su majestad pudo paladear el exquisito morapio.

El actual abad de la Colegiata, Francisco Rodríguez, señala que la cuba tiene las máximas protecciones: una llave está bajo su poder y la otra descansa en las manos del administrador capitular de San Isidoro.

La cuba milenaria se engloba dentro del rico patrimonio artístico y cultural que San Isidoro ofrece al visitante. Mientras éste camina por el claustro de la basílica u observa las magníficas pinturas del Panteón, no olvide que en algún recóndito lugar descansa la cuba más mítica de León.

Ahora

Agosto 9, 2009 por figaro33

No abrazo cuando duermo, necesito mi espacio. A veces me levanto de mal humor, y otras me doy la vuelta para dejar que el abrazo olvidado de la noche quede libre. El café me gusta con leche y muy dulce. Odio los zumos de frutas.
Sueño con irme a otro país y poder ser un poquito más libre. Mi cabeza siempre anda perdida, y a veces me hablas y no contesto. Mi imaginación no descansa.
Me gusta el color verde y salir de noche a buscar estrellas fugaces. Callo más de lo que debería. Me encanta reír. Me pongo insoportable si tengo hambre.
Podía haberte hablado de todas estas cosas y muchas más, podría haberme pasado horas escuchándote. Fue tanto tiempo deseando hacerlo, y sin embargo, escondiéndome detrás de cualquier cosa, aunque estuvieras a tres céntimetros de mi.
Son tantos lo sitios donde ahora te busco y no te hallo, tantos los textos donde te leo, tantos los sitios en que te veo y no te encuentro. Son tantos tantos.
Ahora que te llamo y no contestas. Ahora que hace semanas que no te veo y meses que no nos vemos. Ahora que quiero verte y no puedo. Ahora que lo entiendo todo. Ahora que comprendo todo lo que decías. Ahora que estoy donde tú esperabas verme, esperando cuando tú ya te has ido. Ahora no es sin ti, ahora no hay contigo.

Crónica gallega II

Agosto 7, 2009 por figaro33

Fue el día 25 de julio, y no hemos hecho una crónica gallega.. Asumo toda la responsabilidad, pero lo cierto es que la brillantez de las actualizaciones de mis compañeros eclipsaron mis ganas de escribir algo sobre este día, día de Galicia, que se celebra especialmente en la capital. También influyó que ese día, quise celebrarlo improvisando, porque estaba segura que Galicia no me fallaría. Así que, con unos sacos de dormir, una resaca que olvidar, y una buena compañía, me fui a la playa. (Sí, sí, aunque las nubes se hayan enamorado del Noroeste y hayan decidido pasar aquí el verano, a veces nos abandonan y nos dejan ir a la playa). El plan era aún desconocido, ya que a la fiesta de gala de Riveira no nos apetecía ir, porque no sabíamos bien en que consistía, y el destino nos llevó a Louro, para disfrutar de sus playas y su tranquilidad. Pero había fiestas también en este sitio, y descubrimos que cualquier día es bueno para aprovechar las alternativas que ofrece siempre Galicia, sea cual sea el plan que se busque, y qué mejor que algún pueblo costero gallego para celebrar el día de Santiago.

 Y, además de estas impresiones casi propias de una promoción turística, aprovecho para hacer elucubraciones desde esta sencilla parte del mundo, en la que la luna, algunas veces, como ayer, parecía más grande y más brillante, y eclipsó también cualquier otra idea de actualización del blog por mi parte. Siempre me fascinó ese extraño poder que ejerce sobre nosotros la luna. O, por lo menos, sobre mí.

 Es una especie de admiración a la belleza de aquello que se nos escapa, que posiblemente nunca podamos ni tocar, pero que con frecuencia, especialmente en las noches de verano, podemos ver. ¿Cuántas veces habrán querido regalar la luna? Y de respuesta, tantas veces, una sonrisa incrédula, pero vanidosa, por poder siquiera hacer pensar a alguien ser merecedor de algo tan bonito.

Mientras camino hacia casa y se me ocurre, esperando el semáforo, mirar hacia el cielo, la veo allí, solemne y constante, y pienso cuánta gente la estará viendo en este momento. Quizás debería pensar lo mismo con el sol, pero sólo me sucede con la luna. Una vez me contaron una historia de una pareja que estaba lejos, y él, nostálgico, pensaba, mientras su novia vivía miles de experiencias nuevas, que por lo menos estarían viendo la misma luna. Tal vez sean todas aquellas canciones que hablan de lunas llenas, y de besos prohibidos en lugares escondidos que sólo la luna y los interesados pueden ver, los que me influyen un poco en esta fascinación. Esa dulzura que empieza con canciones y acaba envuelta en miel, para describir el amor de los recién casados.

También puede que tanto romanticismo sobre en mi actualización, para no engañar a los lectores, y debiera mencionar a la luna por otros encantos derivados de su inexplicable poder que tanto influye en muchas decisiones cotidianas de la gente de esta tierra. Su poder para crear mareas, moviendo la inabarcable masa de agua de nuestras costas, formando las mareas vivas, esas que destacan por su actividad y atracción. La luna nos recomienda los días más aptos para una buena vendimia, o incluso para la poda. Hasta cortar el césped o abonar o arar el suelo resultará mejor o peor depende de las fases lunares. Es curioso que las mujeres dependamos también de la luna, de esa reina indiscutible de la noche, para nuestros ciclos; y también existen creencias que le atribuyen poder sobre los partos, es decir, sobre el inicio de una nueva vida. O a lo mejor, no son todos estos efectos más o menos comprobados, sino las leyendas de los lobishomes (hombre lobo), seres misteriosos y normalmente buenas personas hasta que la luna llena hace su papel, las que hacen que el satélite me produzca esa inexplicable y hasta mágica admiración.

 

Luna_llena