Mano sobre cubo periódico al fondo

noviembre 18, 2009

Me fijé en ellos nada más llegar a la estación. Allí, en el andén, estaban los dos muy juntos. No sé porque mi mirada se posó en ellos. Uno era alto, llamativamente alto y con la espalda muy curvada; el otro, esperaba bajo el brazo del primero, liso, doblado, con sus inconfundibles letras por todas partes. Los seguí mientras subían al tren, y ¡oh, casualidad!, se sentaron en un ángulo perfecto para que mi mirada inquieta hiciera de las suyas.

En un primer momento sólo los miraba, haciendo caso omiso a la conversación de mi acompañante. Un conjunto perfecto: un hombre leyendo el periódico, ajeno al mundo, y a su vez, tan dentro de él. Mi imaginación voló. Primero me centré en aquel señor. Rondaría los setenta años. Era alto, antes dije que con espalda muy curvada, pero en realidad era una inmensa joroba. Su presencia imponía, era elegante. Imaginé que aquella persona amaba el periodismo, pero que una vida poco acomodada le habría obligado a dedicarse a un trabajo que no le gustaba, y a dejar de lado su verdadero sueño: ser periodista. En mi pensamiento aquel hombre escribía cada noche una historia distinta, y luego las guardaba en un cajón porque nunca había confesado a nadie su verdadera pasión. Lo envidiaba. Aquel hombre había tenido tiempo de comprar el periódico, y más aún, tenía tiempo de leerlo. Yo aquel día ni siquiera había comido. Entonces, aquel señor debió percatarse de que la loca del asiento de enfrente no dejaba de mirarlo, y decidió poner fin a aquello, me miró a los ojos y yo no puede hacer otra cosa que apartar la vista. Cambié de objetivo.

Mi pensamiento se centró ahora en lo importante. Aquel conjunto depáginas arrugadas era ahora el centro de mis fantasías. Primero pensé que aquel periódico no tenía grapas; a mí lo de las grapas me gusta, con lo desastre que soy éstas evitan que pierda los papeles, pensé. Después volví a tener envidia de aquel hombre, pero me centré de nuevo en el papel. Imaginé que diría hoy Enric después de que ayer sorprendiera a todos los hipotéticos lectores con que sus jefes le habían ofrecido cambiar de trabajo; sería estupendo saber qué escribe hoy, cuando llegue a casa, volví a pensar. Así seguí un rato, hasta que me di cuenta de que ya no oía a mi acompañante. Aburrido de que no le prestara atención se había callado. Decidí volver al mundo.

Así llegué hasta Sol. Cuando bajé del tren me di cuenta de que mis dos compañeros de viaje iban delante de mí. Volví a seguirlos con la mirada. Mis ojos se fijaron en el compañero de viaje del conjunto de páginas sin grapas, y de repente: mano sobre cubo periódico al fondo. ¡¡¡Nooo!!! Me descubrí gritando. ¿Qué haces?, me preguntaron. ¡Lo ha tirado, yo lo quería, podía habérmelo dado! Que aquel señor, periodista frustrado en mi mente, me hubiese dado su periódico en lugar de haberlo tirado a la basura no era una opción muy realista, pero podía haberlo dejado en su asiento para que el siguiente pasajero lo leyera, como tanto otros periódicos. Podría haberlo compartido, podría haberlo guardado y dárselo a alguien al llegar a casa. No tendría que haberlo tirado. Mientras subía las escaleras era yo quien lo miraba él sin quitar la vista, quería averiguar el porqué. No obtuve respuesta.

Al salir a Sol y encarar Montera destino final calle Hortaleza olvidé a un compañero de viaje y pensé dónde estaría el otro. Cuando de noche volvía a casa, no leí a Enric.

¿Ha muerto el 33? ¡Viva el periodismo!

noviembre 11, 2009

generacion33

¿No percibís cierto olor a corrupción alrededor de la puerta del edificio 14? Si, Si. El espíritu del 33 se pudre ante la indeferencia generalizada. Lo peor no es escribir una necrológica sobre esta defunción sino saber que con ella estamos lapidando nuestro entusiasmo, nuestro frescor, espontaneidad, inconformismo, sentido crítico y la oportunidad de sacar lo mejor de nosotros mismo. No podemos dar por enterrado algo que aún no se ha acabado. Entre añoranzas y pasotismos estamos fumándonos los últimos siete meses que tenemos para disfrutar de ese 33 que conocimos y que nos sedujo de forma tan arrebatadora.

Si. Sabemos que este año hay curro, pero el año pasado también y no fue excusa para que no sacáramos lo mejor de nosotros mismos y lo compartieramos con todos los demás miembros del 33. Las carreras, las universitarias, no están para obtener una calificación sino para extraer vivencias, conversaciones y otros pequeños placeres que ni los libros ni los profesores nos pueden enseñar.

Hay varias propuestas para sacar del pozo de desidía en el que ha caído el otrora activo Grupo 33. Despertemos de nuestro letargo creativo y social a través de esos proyectos que pensamos en realizar y nunca llegamos a emprender.

Primera propuesta: Creación del grupo teatral: Teatro Sin Achaques. A algunos ya le sonará la idea. Se trata de poner en marcha una obra teatral en el que participemos nosotros y gente mayor. Ya nos hemos puesto en contacto con el centro de mayores de Las Margaritas y tenemos que presentar el proyecto. Además tenemos que organizar una asociación para obtener alguna subvención.

Propuesta 2: Reunión de nostálgicos del 33, este lunes  16 de Noviembre después de producción audiovisual. Aunque sólo sea una caña pero reúnamos otra vez para demostrarnos que lo del año pasado no fue un espejismo ni una conjunción astral mágica. Todo lo grande del año pasado lo hicimos NOSOTROS. Todos juntos es como funciona el 33, por separado no llegamos ni a un mísero grupo 32.

En el tíntero quedan más propuestas, como lo del programa radiofónico de Roberto, y más quedadas pero por ahora no podemos hacer más que este pequeño torniquete para evitar que el 33 se desangre…

Camaradas, este es un llamamiento para permanecer unidos y atentos…sabemos que la depresión es generalizada pero debemos recuperar nuestro ímpetu y encontrar nuestra motivación para no tener que ir a un entierro próximamente. El entierro de nuestra juventud.

Necesitamos terroperiodistas radiofónicos!!!

octubre 28, 2009

Hola colegas

Desde la universidad de la Laguna, en Tenerife, vamos a embarcarnos en un proyecto discreto pero osado. Mañana mismo arrancamos el programa radiofónico “Salidos de tono” en el que cuatro compañeros daremos cuenta de diversos asuntos. A saber: actualidad, deportes, hasta el fondo (reportajes), cultura, historia y sobre de azúcar para finalizar (una cita famosa y divertida que servirá de cierre). ¿por qué digo esto en fígaro33? porque se nos ha ocurrido que podíamos colaborar desde las distintas universidades. Si alguien tiene un reportaje que le exijan en alguna asignatura, una crónica, entrevista… cualquier cosa que estime interesante será publicada desde la radio canaria más marchosa del archipiélago. Las claúsulas son las de siempre: no hay claúsulas. En nuestros delirios terroperiodísticos hemos pensado que también en Santiago podría animarse alguien (aprovechando que Martiña está allí de corresponsal y que, además, hay otros “sénecas” insulares por las tierras gallegas).
La emisión de “salidos de tono” tendrá lugar a través de una página web que, en su momento, os indicaré a todo aquel que le interese el asunto.
Se me ocurre una colaboración entre terroperiodistas, fígaro33, salidos de tono y lo que quiera que hagan los gallegos. De norte a sur, pasando por el centro. ¿qué os parece? Si no podéis montar vuestras piezas podéis pasarme el texto y yo me encargo de locutarlo haciendo mención expresa del autor o autores. Chic@s!!! con suerte este será el último año de carrera. Vamos a divertirnos!!! seamos terroperiodistas! Saluz!

Roberto.

Momentos

octubre 27, 2009

Compartimos momentos. Momentos en los que éramos el uno del otro. Tú eras de mi propiedad, y yo me contaba en tu haber. Pero sólo momentos, porque tú no eres de propiedades y porque yo, contigo, no soy de riquezas.
Eran momentos intensos y momentos escasos. Momentos de miradas frente a frente y momentos de giros de espaldas. Momentos en lo que estabas sólo tú y momentos en los que no te encontraba. Momentos en los que volvía a ti, momentos en los que ya me había ido. Jamás nos buscamos en los mismos sitios.
Y ya no hay momentos. Quizá no fue el momento.
Y desde que nos hemos ido, miro a tus ojos el tiempo que quiero, pero ya no estamos. Sólo veo certezas de encontrarte, porque aunque deje de buscarte, no puedo evitar los momentos. Veo los sitios a los que nunca iremos y las piezas que ya no compartiremos. Quizá en cinco años más aparezca el Momento.
Echo de menos un momento, pero mientras tanto me quedo con los míos. Pero sólo momentos, porque tú no eres de propiedades y porque yo, contigo, no soy de riquezas.

Un microrrelato

octubre 25, 2009

Por la calle veo una camisa a la que le falta un botón. ¿A qué viene semejante descaro? Seguramente será un hombre despistado de cabello revuelto que no se habrá dado cuenta de su descuido. Seguramente tendrá delgado el ego y buscará ser original para atraer alguna mirada. Quizás no tenga unas manos femeninas a su lado que cosan sus entuertos. Quizás nadie le haya querido nunca lo suficiente como para decirle “has perido un botón de tu camisa”.

Llego a casa y me detengo ante el espejo. Contempló el reflejo ausente del botón perdido de mi camisa.

Crónica gallega III

octubre 25, 2009

Insinuaba un terroperiodista que el tiempo hace un par de semanas no era el propio de la estación, y aún hay gente que cree, como el primo meteorólogo del presidente de la oposición, que el conocido como cambio climático no existe. Pues yo, desde este noroeste peninsular tan caracterizado por el agua que tiñe de verde el paisaje y lo convierte en un sitio mágico y encantado, hace un mes, quería escribir la crónica gallega contando la costumbre tan “enxebre” (=más que autóctono) del magosto. Pero con temperaturas de más de 25 º, y un sol propio del verano, me sabía a mentira hablarles del sabor de las castañas asadas mientras las botas de agua hacían crujir las hojas secas en el suelo. Pero ahora lleva toda la semana lloviendo (menos hoy), y el otoño ya es otoño, así que usando el práctico corta y pega, les voy a contar lo que hace tiempo que debía haber contado:

“Por estas fechas el aire huele ya a magosto. Parece que hace mucho tiempo, algún gallego tenía nostalgia del verano, y en un esfuerzo por prolongar el lejano agosto, o alguna de sus fiestas populares, se le ocurrió celebrar el magosto, y de nombre, hacerle un guiño al mes estival por antonomasia. Basta con una modesta reunión de amigos, vecinos, o familiares, alrededor de una lareira o, en su defecto, cocina de leña, para disfrutar del excedente de castañas que suele venir con septiembre y octubre. En muchos colegios se celebra, y cada uno con su cartucho de periódico (sí, de pequeño no se le ven muchos más usos al paradigma de nuestra ansiada profesión) lleno de castañas asadas, perdíamos un tiempo de aburridas clases en el patio cubierto, por supuesto, por si llovía, jugando a juegos populares y comiendo las castañas. Así que cuando me piden que describa el otoño con una palabra, a mí siempre me vienen esos recuerdos, y la recurrida “melancolía” no es suficiente para plasmar el olor a castaña asada, la lluvia, las nubes grises sobre las casas empedradas, los colores marrones y dorados de camino a casa de los abuelos, donde, por cierto, el magosto es más tradición aún, poner mi nombre en los libros nuevos, mientras los forro, buscar una mochila nueva, estrenar compañero de pupitre, salir de clase por la tarde pasando por la entrada a la zona vieja y ver el trencito de castañas, desprendiendo un olor tan apetecible que hasta se forman filas para llenar más periódicos de este fruto seco….No debe ser melancolía, y eso que me encanta el olor a libros nuevos, me encanta recordar cuando tenía que comprar diez libretas y un bloc de dibujo, o hacerme un horario de colores para compatibilizar baloncesto con pintura e inglés. Y todo vuelve a mi memoria cuando paseo por las calles de árboles que se desnudan, y oigo crujir las hojas secas cuando las pisan mis katiuscas. O cuando paseo por las calles de piedra y me llega un profundo olor a castañas asadas, a magosto, a otoño.”

magosto

Vuelve el 33

septiembre 13, 2009

Esta tarde buceaba mis ojos en la pantalla del ordenador, conquistando el mundo (como casi cada tarde en estos últimos tres meses) cuando me agitó una brisa fresca. Fuera comenzaba a llover y mi nariz se llenó del inconfundible olor de la melancolía. El otoño comienza. Y con él vuelve esa maravillosa aventura que es la universidad. Vuelve el 33. Son tantos los rostros que añoro, tantas las risas que me debe el destino por estos tres meses de lejanía, por tantos obstáculos y trabas en un verano que se presumía un remanso de paz.

Y ahora, por fin llegan las prisas y los trabajos, las tardes de cañas y canto, las alabanzas hacia los buenos profesores… y los gruñidos hacía los deplorables. Siento curiosidad por saber hasta qué punto nos habrá cambiado el verano: muchos de los treintaitresianos han hecho sus prácticas, han salido al mundo del periodismo sin coraza… Habrán encontrado lo bueno y lo malo de esta profesión. ¿Volverán más sabios o quizás un poco más cínicos? ¿Esperanzados de que las palabras sean más que palabras o desesperados de encontrar inútil esta profesión? Sí, solo son tres meses, pero el encuentro con la cruda realidad es muy intenso cuando uno llega a ella con toda la ilusión y la fuerza del debutante.

¿Cuántas parejitas habrán caldeado sus amores durante la torridez del verano? La intrahistoria del 33 crece y se expande, como unos hilos subterráneos de un grupo que a casi nadie puede dejar indiferente. Pero lo que más me alegra, lo que más me llena de ilusión por los días que vienen, es saber que todavía nos queda (por lo menos) un largo año juntos para descubrirnos, para que las raíces del 33 se hundan en una tierra abonada de buen hacer y un futuro espléndido.

¡Que viene el 33! ¡Qué viene!

Teleno

agosto 18, 2009

Montaña espectadora y expectante. Montaña acechante y retadora, montaña cargada de rabia y de belleza. Desgarradora montaña que destroza piernas y acota sueños. Montaña cargada de trampas y agujeros, siempre fuerte, nunca insípida. Torbellino de primavera y cortante invierno. La montaña es esa mujer que siempre amaste y nunca te terminó de amar. O esa otra que, detrás del siguiente collado, te sigue esperando. En una montaña cabe el mundo. Sacrificio en cada paso. Miedo al colgar tus pies entre una roca destemplada. Agua rica y sin colorantes, que mana de sus entrañas y te ofrece vida a cambio de aliento. Un paraíso escabroso y ganchudo. Un anzuelo cortante que cuando te engancha no te deja soltarte. Presumida montaña la que te mira cuando aún no has empezado a subir y mantiene orgullosa su esbeltez cuando la bajaste. La misma que te abre una ventana a otro mundo distinto que sólo puedes contemplar desde su cumbre. Ese embriagador viento que se desvela mientras acaricias sus laderas y te agarras al brezo para no descollarte entre la dura tierra.

Tentadora y cruel, negra y verde. Capaz de proporcionarte euforia y desesperación en un mismo instante. Lugar incomparable para descubrir la esencia humana. El egoísta y el miedoso, el osado y el cobarde, valentía temerosa y mochilas cada vez más pesadas. Recodo de soledad y de compañerismo. Cuando alguien te dice justo las palabras que necesitas escuchar para seguir ascendiendo. Cuando eres tú quien debe decirlas en el preciso momento en que el compañero lo necesita. Una montaña muestra entre sus laderas los secretos que a veces se insinúan en la ciudad.

El teleno está en la maragatería, comarca de paredes de pizarra y estepas repletas de encina. Lo que antes fue un coloso virgen hoy sirve de campo de tiro para que el ejército español realice prácticas. El teleno está achicharrado por el fuego. Ya sólo crecen brezos por sus laderas. Brezos y arándanos. Eso dicen los más viejos. El ministerio de Defensa español compró sus terrenos allá por los años ochenta y privó a los maragatos de explotar la montaña del teleno para montañeros y paseantes. No hay una sola señal para ascender a su cumbre. Sólo cortafuegos y restos de proyectiles por su suelo pedregoso. Pese a todo, el teleno  sigue manteniendo la belleza que siempre ostentó. Basta con atacar su cima para comprobarlo.

Roberto

Miércoles en la Redacción (agosto)

agosto 14, 2009

6a00e552985c0d88330120a4c86559970b-500wi

Vaya! Parece que me fui de vacaciones, pero no, más bien fue un error de memoria. Aquí van los atrasados.

Leyenda de una cuba milenaria

agosto 11, 2009

Una misteriosa barrica de vino de la Alta Edad Media, custodiada bajotres llaves, descansa en las dependencias de la Colegiata de San Isidoro

 11/08/2009 ROBERTO MERINO | LEÓN

Cuenta el abad emérito de la real Colegiata de San Isidoro, Antonio Viñayo, que cuando llegó a León, hace ya medio siglo, varios ancianos le transmitieron el conocimiento sobre una cuba de vino muy antigua que descansaba en el interior de la Colegiata de San Isidoro. Parece que alguno de ellos rondaba los cien años.

Custodiada bajo dos o tres llaves de otras tantas manos diferentes, el recipiente ha pasado al imaginario colectivo como la «cuba milenaria». Se trata de una barrica de la Alta Edad Media, con capacidad de unos cuarenta litros y que se conserva en el interior del antiguo monasterio con extraordinario celo.

La cuba, explica Viñayo, está cubierta con una capa de moho y supura un tanto. Por este motivo hay que introducir el doble del vino que se saca. Cada Jueves Santo, única fecha en que puede abrirse el recipiente, se extrae un litro y se introducen dos del mejor de los vinos de Jerez. Los pocos que lo han degustado aseguran que es muy fuerte, no existe cognac que lo supere. Un vino «sentón».

Antiguamente la cuba se destapaba en Nochebuena. Los canónigos tenían la obligación de ayunar la víspera, pero en la madrugada del nacimiento del Salvador, tras la misa del gallo, el antiguo refectorio (hoy llamado salón del Pendón) de la Colegiata se colmaba de manjares. Y como el buen comer debe ir acompañado de un mejor beber, la cuba milenaria se descorchaba para el deleite de los presbíteros. Los más maliciosos mascullan que cuando los monjes devolvían la cuba a su lugar, mientras paseaban en procesión por el claustro con ella a cuestas, podían escuchar cantar al gallo de la torre.

 

Alfonso XIII. El abuelo del actual monarca, Alfonso XIII, visitó San Isidoro a principios del siglo pasado. El abad de entonces, Julio Pérez Llamazares, le narró la historia de la cuba milenaria. El Borbón, picado por la curiosidad, quiso saborear ese caldo. El abad respondió que aquello era imposible, porque la cuba se abría una vez y sólo una. «Pues déjelo usted para mejor ocasión», parece que fueron las palabras del Rey. Entonces el clérigo, como con toda regla que se precie, hizo gustoso una excepción. Y su majestad pudo paladear el exquisito morapio.

El actual abad de la Colegiata, Francisco Rodríguez, señala que la cuba tiene las máximas protecciones: una llave está bajo su poder y la otra descansa en las manos del administrador capitular de San Isidoro.

La cuba milenaria se engloba dentro del rico patrimonio artístico y cultural que San Isidoro ofrece al visitante. Mientras éste camina por el claustro de la basílica u observa las magníficas pinturas del Panteón, no olvide que en algún recóndito lugar descansa la cuba más mítica de León.